Ávila es un tesoro escondido en el corazón de Castilla y León. Mucho más que sus famosas murallas o la figura de santa Tresa de Jesús. Es una ciudad que te atrapa con su aura medieval, sus calles empedradas y su misticismo palpable. Aquí, la historia y la espiritualidad se entrelazan de una forma única, creando una atmósfera que te transporta a otra época.
Publicado por 1000sitios el 01 de abril de 2025.
Imposible visitar Ávila y no dejarse impresionar por sus murallas. Con sus 2,5 kilómetros de perímetro, son las mejor conservadas de Europa. Recorrerlas es como viajar en el tiempo, sintiendo el peso de la historia en cada piedra. Desde lo alto, las vistas de la ciudad y la campiña castellana son simplemente espectaculares. No te pierdas la Puerta del Alcázar y el Arco del Carmen, dos joyas de la arquitectura medieval. Pero no te quedes solo en la visión exterior. Se puede acceder al camino de ronda (entradas junto a la puerta de las Carnicerías y la puerta del Alcázar) e internarse en el laberinto de sus almenas y torres para dejar que el viento te susurre historias de caballeros y reyes, de batallas y conquistas. Al caer la tarde, cuando el sol tiñe la piedra de oro, entenderás por qué estas murallas son mucho más que una simple defensa, son el alma de Ávila.
La catedral de Ávila es una rareza arquitectónica. Su aspecto de fortaleza no es casualidad, ya que formaba parte de las murallas de la ciudad. En su interior, la sobriedad del románico se fusiona con la grandiosidad del gótico, creando un espacio sobrecogedor. No te pierdas el coro, el trascoro y el retablo mayor, auténticas obras de arte. Pero no te quedes solo en la contemplación, dejen que la luz filtre a través de las vidrieras, que el eco de las oraciones resuene en tus oídos, que el incienso te envuelva en una atmósfera de paz y recogimiento. Y al salir, levanta la vista hacia su imponente torre, desafiando al cielo, y sientan la grandeza de la fe que la construyó.
Esta basílica románica es uno de los tesoros de Ávila. Su interior, con sus tres naves y su impresionante cimborrio, te deja sin aliento. Pero lo que realmente la hace especial es la cripta, donde se encuentra el sepulcro de San Vicente y sus hermanas, Santa Sabina y Santa Cristeta. Un lugar que irradia paz y espiritualidad. No dejes de bajar a la cripta, toca la piedra fría, siente la energía que emana de las tumbas de los mártires. Cierra los ojos e imagina su valentía, su entrega, su fe inquebrantable. Y al salir, con el corazón lleno de emoción, entenderás por qué este templo es mucho más que un monumento, es un símbolo de la resistencia del espíritu humano.
Se trata de un monasterio dominico y otro de los grandes conjuntos monumentales de Ávila capital. Destacan sus tres claustros, su iglesia gótica y el sepulcro del infante Juan, hijo de los Reyes Católicos. Fue fundado en 1480 por Hernán Núñez de Arnalte, tesorero de los Reyes Católicos, y tuvo una estrecha relación con los Reyes Católicos, quienes lo utilizaron como residencia de verano. También fue utilizado como tribunal de la Inquisición y posteriormente como universidad. Es un ejemplo destacado del estilo gótico, con influencias renacentistas. El claustro de los Reyes, el más grande y destacado, conserva un delicado artesonado mudéjar. El monasterio alberga el museo de Arte Oriental, que exhibe una colección de obras de arte de países asiáticos. Su conexión con figuras como Tomás de Torquemada y su uso como sede de la Inquisición le otorgan un significado histórico particular.
Esta plaza porticada es el centro neurálgico de la ciudad. Aquí se respira el ambiente abulense, con sus bares, terrazas y tiendas. Un lugar perfecto para tomarse un vino, probar las famosas yemas de Santa Teresa y disfrutar del bullicio de la vida local. La mejor manera de disfrutarla es sentarse en una terraza, observar el ir y venir de la gente, escuchar el murmullo de las conversaciones. Su origen se remonta a la época romana, ya que se cree que aquí se ubicaba el foro de la antigua Abula. A lo largo de los siglos, ha sido el centro neurálgico de la vida social y comercial de la ciudad. Su configuración actual data del siglo XIX y responde a un proyecto neoclásico de Juan Antonio Cuervo, salvo la Casa Consistorial que es obra de Ildefonso Vázquez de Zúñiga. Ha recibido diferentes nombres a lo largo de su historia, como Plaza de San Juan, de la Constitución, de la Religión y el Rey, Real y de la Victoria.
Para despedirse de Ávila, nada mejor que subir a este mirador situado a las afueras de la ciudad, en un promontorio en la margen izquierda del río Adaja. Ofrece una vista espectacular de las murallas de Ávila, especialmente al atardecer, cuando la iluminación resalta su belleza. Se trata de un humilladero, es decir, es un lugar de oración o descanso para los caminantes, levantado en el siglo XVI. Su nombre proviene de las cuatro columnas dóricas que sostienen una cruz central. Existe una leyenda que cuenta que su origen podría estar en una romería organizada en el siglo XII. Se puede ir caminando desde el cetro de la ciudad, cruzando el río por la pasarela de la ermita de San Segundo